Hemos construido una ciudad que privilegia el uso del
automóvil. En México había 169 autos por cada mil habitantes en el año 2000,
para 2013 esta cifra casi se duplicó a 332 autos por cada mil habitantes;
actualmente tenemos cerca de 37 millones de automotores registrados. Existen
más de 12 millones de viviendas que disponen de al menos un auto, que
representan 45% de las viviendas particulares habitadas. Por otro lado, en las
áreas urbanas, únicamente 35% de las manzanas tienen aceras en todas sus
vialidades, este porcentaje varía desde 8% en en el Estado de Guerrero, hasta
63% en Aguascalientes, 18 estados están por debajo de 50% en disponibilidad de
aceras.
Estamos perdiendo la movilidad del peatón. Sí
consideramos además de los datos anteriores que la infraestructura de las
ciudades de México facilitan el uso del automóvil, inhiben al peatón y poco
consideran la accesibilidad de sus vialidades para la circulación de la
persona, los porcentajes anteriores aumentan para el auto y disminuyen para los
ciudadanos que caminan; es decir, cada vez es más común que los autos utilicen
las aceras como estacionamiento, que las aceras sean más estrechas o incluso
vemos fraccionamientos sin aceras.
El peatón parece una especie en peligro de extinción.
De acuerdo con la iniciativa Ciudades Emergentes y Sostenibles del Banco
Interamericano de Desarrollo, las aceras cada vez son más escasas en las áreas
urbanas, relegando al peatón en el espacio urbano, en nuestras ciudades 70% del
espacio público está ocupado por superficies al servicio del coche, y sólo 30%
está destinado al ciudadano que se desplaza a pie, por ello parece que la
ciudad está centrada en el auto y no en las personas.
Es importante que los Congresos de los Estados y del
País, legislen en torno al derecho a la ciudad, a favor del peatón, que centren
sus leyes en las personas y sus formas de convivencia en el espacio. Si bien se
reconoce que existe normatividad acerca de las vialidades, de los espacios
verdes en los fraccionamientos o de la convivencia; no existen leyes que normen
la apropiación de espacios públicos de parte del automóvil o del comercio, que
establezcan criterios de diseño urbano que considere a la persona, es decir al
peatón y sus formas de convivencia con otros tipos de movilidad con la cual se
relaciona.
El espacio urbano se construye todos los días, poco se
diseña y escasamente se norma para establecer como prioridad el “andar por la
ciudad”, parece que estamos perdiendo la capacidad de relacionarnos a través de
senderos, o áreas exclusivas para el peatón. Lo más preocupante podría ser que
con el auto perdemos la capacidad de relacionarnos y afecta notablemente
nuestra forma de vida, habrá pues que repensar cómo estamos construyendo
nuestras ciudades, sus consecuencias y legislar en consecuencia.
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