El pasado lunes 26 de enero se presentó en la
Cámara Nacional de la Industria de transformación Delegación San Luis Potosí,
la “Agenda de Innovación”, un proyecto elaborado por el Consejo Nacional de la
Ciencia y la Tecnología (CONACYT) en coordinación con la Fundación
México-Estados Unidos para la Ciencia.
La Agenda de Innovación tiene como objetivo
contribuir al desarrollo económico estatal mediante el aprovechamiento del
potencial económico, la especialización inteligente y la articulación de
sectores prioritarios. De acuerdo con el CONACYT, es resultado de una visión
compartida entre el gobierno, la academia, la industria y la sociedad que
durante casi seis meses trabajaron con una metodología de mejores prácticas denominada
Regional Innovation Strategies for Smart
Specialisation (RIS3), utilizada en más de 150 países de la Unión Europea.
Esta agenda plantea que San Luis Potosí debe
de consolidar la industria automotriz, el sector alimentos y desarrollar el
sector energía; además define una ruta crítica a seguir, incluyendo un
portafolio de proyectos, fechas clave y
un cuadro de mando con indicadores de éxito. Si bien este documento es un
importante avance en el derrotero de un sistema de innovación regional, por su
análisis económico exhaustivo, carece de un estudio sobre la vocación
científico tecnológica (prospectiva estratégica), indicadores de innovación y
sobre todo un enfoque regional, ya que descansa principalmente en el estudio de
la ciudad, debido a la concentración de población, actividades económicas e
instituciones de educación superior -no se puede dejar de lado la integración
regional-.
No cabe duda -y por ello es incuestionable-
el hecho de que San Luis Potosí debe transitar a una sociedad basada en el
conocimiento, al menos eso se definió desde 2003 en el Plan Estatal de
Desarrollo y sus Programas Sectoriales, la capacidad científico tecnológica de
la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, el Instituto de Potosino de
Investigación Científica y Tecnológica así como del Instituto Tecnológico de
Estudios Superiores de Monterrey representan sus principales activos en este
rubro.
Es importante considerar que se requiere liderazgo
institucional para la articulación de una Política de Estado, es decir, que las
iniciativas no provengan exclusivamente desde el gobierno, además estrategias
efectivas de vinculación, enfoque regional, pero sobre todo una visión de largo
plazo en el desarrollo del capital humano altamente especializado. Tal vez la
carencia más importante en la Agenda es –como
dice mi maestro- la definición de los instrumentos que le permitan “aterrizar”
el trabajo a nivel de grupos, una red de vigilancia tecnológica que de certeza
a la continuidad del proyecto. En la planeación, el 80% de los planes fracasan
en la etapa de la implementación por la falta de instrumentos.
En síntesis, este importante proyecto
definitivamente abona en la construcción de una estrategia de valor para San
Luis Potosí, sin dejar de lado que, además del documento en sí mismo, sus
principales activos son el capital construido, la inercia de trabajo generada,
así como en la capacidad sólida del sector empresarial y científico tecnológico
con el que cuenta San Luis Potosí, el reto es pues, la definición de los
instrumentos desde una institución académica o privada, tal vez en este caso
podría ser la CANACINTRA o la UASLP.
Hay que esperar a ver como “madura” el
proyecto, cómo se incorpora en el discurso de los candidatos, así como la
propuesta de las nuevas autoridades tanto estatales y locales.
[1] Licenciado en Planeación Urbana por la Universidad Autónoma de
San Luis Potosí, Maestro en Estudios urbanos por El Colegio de México,
Doctorante en Geografía Económica UNAM. Profesor investigador de la Facultad
del Hábitat de la UASLP