Parece irónico que las
ciudades de México, en dónde 8 de cada 10 personas del país realizan sus
actividades, conviven y generan su patrimonio, no está pensada para ellas. Más
de un siglo de intensa urbanización en México que pasó por una revolución social,
un proceso de industrialización, una integración terrestre a través de modernas
vías de comunicación y una radical transformación del modo de vida que incluye
el inicio de la era digital, han provocado como resultado una ciudad
desorganizada, improductiva, sin certeza, rumbo o peor aún, donde las personas
compiten por sobrevivir. En pleno siglo XXI nuestras ciudades son lugares
inhabitables en sentido estricto de la palabra.
Con el inicio de año se abre
un conjunto de retos urbanos por enfrentar que darán forma a un proyecto de
ciudad centrado en la persona. ¿Qué es eso? Recuperar la ciudad para los
ciudadanos, hacer ciudades vivibles, que se puedan transitar libremente, dónde
convivan diversas formas de movilidad y lo más importante, ciudades
productivas, sustentables y que hagan feliz a la persona; esto es, una ciudad
que agregue valor al ciudadano.
Un proyecto de ciudad
centrado en la persona define como medios la innovación, la competitividad y la
sustentabilidad, para alcanzar mejores niveles de bienestar subjetivo. El
bienestar subjetivo es un concepto que relaciona la percepción de las personas
con las condiciones de su entorno social, económico y urbano, desde la escala
familiar en la vivienda, hasta la escala ciudadana en los espacios públicos, de
forma individual y colectiva.
Un proyecto de ciudad
centrado en la persona es un proyecto de largo plazo, de al menos dos
administraciones estatales y cuatro municipales, por ello la rentabilidad
política de corto plazo es baja, cuando se basa en obra de infraestructura
local; sin embargo, este tipo de proyectos se centra en una alta capacidad de
gestión, liderazgo, proyectos multianuales, así como en diseño urbano, ambientes
saludables, espacios públicos, conectividad, accesibilidad, patrimonio urbano y
en general una marca ciudad que dan certeza sobre el futuro mediato.
En un proyecto de ciudad, es
igual de importante “qué se requiere”, a la par de “cómo lo logramos”, “con qué
contamos” y “quiénes lo vamos hacer” para lograr “cómo queremos vivir los
próximos 10 años”; es un nuevo enfoque de la planeación urbana que conjunta
visiones de la estrategia, con la prospectiva, la gestión urbana y la
percepción social. Este enfoque poco se ha desarrollado en América Latina y muy
poco en México, existen algunos esfuerzos incipientes en Guadalajara y Puebla.
En este sentido, 2015
representa –como todos los años- “una oportunidad única” de cambio, sin
embargo; lo único radica tal vez en que podría ser la última. Si las nuevas
autoridades no incorporan dentro de su propuesta un proyecto de ciudad centrado
en la persona, que recupere la ciudad para los ciudadanos, nos enfrentamos con
desventaja al primer cuarto del siglo XXI, y con ello hacer más amplias las desigualdades, menos productivas
nuestra ciudad y por supuesto menos vivible.
Habrá pues que analizar en
todo momento los elementos del discurso y la propuesta de los aspirantes a
gobernador, presidentes municipales y diputados con respecto a la construcción
de un proyecto de ciudad centrado en la persona, en la cual no únicamente hay
votantes, también hay personas muy informadas que desean construir un proyecto
de vida, un patrimonio, transitar libremente y sobre todo convivir y sentirse
felices en su ciudad.
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