viernes, 23 de octubre de 2015

¿Hacia dónde rediseñar nuestra ciudad?

De acuerdo con el Banco Mundial, el porcentaje de población en edad de trabajar en el mundo llegó este año a 66%, su máximo porcentaje en la historia; sin embargo, se prevé que inicie su disminución en los próximos años, esto también duplicará la proporción de las personas mayores al 2050 alcanzando posiblemente 6%.


La población en edad de trabajar la integra un amplio grupo de personas que tienen entre 15 y 60 años, en México la población joven disminuye, mientras se acelera el crecimiento en las población de edad avanzada, 9% de la población tiene más de 60 años.


En el caso del Estado de San Luis Potosí, la población en edad de trabajar la podemos clasificar en dos, la más joven entre 14 y 29 años de edad representa la tercera parte, pero se prevé que disminuya a la cuarta parte para el 2030. Por su parte, el grupo de personas entre 30 y 60 años de edad representa el 36% de la población actualmente, las proyecciones realizadas por el CONAPO prevén que este grupo aumente a 42% al 2030. Es decir, actualmente la población en edad de trabajar representa 2 de cada 3 personas, en 15 años esta proporción podría mantenerse, sin embargo es interesante ver el comportamiento entre los dos grupos de edad.


El comportamiento de la población los próximos 15 años implicará un doble reto, por un lado existirá un bono demográfico para que más personas puedan trabajar y apoyar a la minoría que no estaría en condiciones de realizar actividades económicas, pero por otro lado, se observa un proceso de envejecimiento de la población, dado que la población que crece es la del grupo de 30 a 60 años, mientras tanto la proporción de jóvenes disminuyen.



El sector económico podría recomponerse al tener una demanda de empleo en personas entre 30 y 60 años, sin embargo, dado este proceso de transición demográfica, será necesario también considerar la adecuación de espacios para personas adultas, que cada vez está aumentando más. El diseño de los espacios públicos debe considerar el cambio generacional de sus habitantes, de tal manera que se ajuste la accesibilidad, el espacio físico e incluso hasta el diseño para generar nuevas emociones. Una ciudad que agrega valor al ciudadano cambia según se modifica la estructura de su población.

viernes, 9 de octubre de 2015

¿Quién construye la ciudad? ¿Quién se beneficia?


En México, el sistema de derecho urbano está compuesto por los planes de desarrollo urbano y de ordenamiento, las leyes de planeación y desarrollo urbano, así como las normas y reglamentos generalmente de construcción; todos ellos elaborados por el poder ejecutivo y convertidos en ley por el Legislativo. Este tipo de instrumentos establecen las disposiciones bajo las cuales los organismos públicos y privados o inmobiliarios deben de construir en la ciudad.

En el marco de lo establecido en el derecho urbano los inmobiliarios realizan su negocio, que en un sistema generalmente capitalista como nuestra economía implica necesariamente una ganancia y una competencia. En este sistema existen diversas empresas inmobiliarias que adquieren terrenos, a un precio más bajo que su venta, posterior a la construcción. Este diferencial de valor en el suelo representa la cantidad de ganancia del sector privado, y depende de la forma como construyen, el diseño, la infraestructura y localización respecto a las avenidas o el centro de la ciudad. Este diferencial de valor se denomina técnicamente “plusvalía”.

Así, la plusvalía es un término económico que se asigna en el caso de la ciudad a la diferencia entre el precio de venta de una vivienda y el valor en la que ésta se adquirió o bien con respecto al precio del suelo urbano y la construcción; pero ¿quién genera y quién se queda con la plusvalía?

La plusvalía se la queda el inmobiliario, pues ha representado históricamente la ganancia en la forma de hacer el negocio, sin embargo no toda la plusvalía la genera el capital privado, una parte, a veces la mayor parte, la genera el gobierno con la urbanización; por ejemplo, un terreno en el cual invierte un agente privado, incrementa su valor de forma natural al dotarlo de servicios, dar acceso mediante vialidad, o simplemente por el hecho de regularizarlo, todo ello lo realiza el gobierno.

Si bien el gobierno cobra un impuesto por la utilización del suelo –el predial-, es importante reconocer que en México no existen instrumentos normativos o fiscales para transferir parte de la plusvalía al sector público, al contrario, para que el gobierno se capitalice únicamente se desarrollan impuestos. De esta manera vale la pena reflexionar sobre los mecanismos mediante los cuales un terreno se vuelve más caro, e intentar redistribuir la plusvalía entre quienes la generan conjuntamente, es decir el sector privado principalmente y el público.


En resumen, si bien debemos de reconocer que los agentes inmobiliarios construyen la ciudad y que sin ellos una ciudad no crece, también es importante reconocer el papel del gobierno en la generación de plusvalía, y por consiguiente debería de adquirir algunos beneficios para capitalizarse y generar más obras, no únicamente de los impuestos. En un sistema financiero local novedoso, podrían existir instrumentos de redistribución de la plusvalía que se genera en la ciudad para el beneficio público. Esto es parte de una ciudad que genera valor al ciudadano.

viernes, 2 de octubre de 2015

¿Se abre el Río?

El Boulevard Río Santiago se ha convertido en una de las principales vialidades de esta ciudad, desde su construcción se pensó en un trayecto que funcionara temporalmente para los autos y que tendría que “cerrarse” según las necesidades de la Presa San José o por la temporada de lluvias; sin embargo esta solución ya es insuficiente para la ciudad.


¿Cómo aprovecharlo? Las ciudades europeas han desarrollado un sistema de conectividad, infraestructura e imagen urbana que permite “armonizar” el medio ambiente con el crecimiento urbano, de esta manera se conserva el uso natural de río pero a su vez funciona como un sistema de transporte y atractivo turístico.


Es necesario hacer un proyecto de diseño urbano a partir de infraestructura del paisaje, esto es invertir en vialidad sobre el nivel del río, un sistema hidráulico que ayude a mantener el nivel del agua todo el año, un sistema de ingeniería vial para agilizar el flujo vehicular y un proyecto de identidad e imagen urbana que genere un atractivo, como lo hecho en la ciudad de Monterrey.


Este tipo de proyecto requiere la concurrencia de recursos federal, estatal y municipal, así como de una estrategia que ayude a desahogar el flujo vehicular que se generaría por el proceso de construcción, además de un planteamiento por etapas que involucre al menos dos administraciones municipales.



La atención, revitalización, dignificación y generación de espacios en el Río Santiago no son sólo necesarios, ya son un recurso indispensable para asegurar la viabilidad de la movilidad urbana y mantener a San Luis Potosí como una moderna ciudad que conserva su patrimonio.