El crecimiento de la Ciudad
de San Luis Potosí que la coloca como la décima más grande en el sistema urbano
nacional, le obliga a realizar proyectos de alto valor agregado al ciudadano
con un enfoque de integración metropolitana. La ciudad de San Luis Potosí es
una de las 59 zonas metropolitanas del país.
Desde la segunda mitad del
siglo XX, el desarrollo urbano en México se caracterizó por el incremento de
zonas metropolitanas, entre 1960 y 2010 se incrementaron de 12 a 59. En este
contexto, la planeación y diseño de una ciudad metropolitana es clave, no sólo
para ordenar el territorio, sino par incidir positivamente en la organización
de las relaciones sociales, la sustentabilidad urbana, la competitividad y
sobre todo, recuperar la ciudad para las personas.
Muchas ciudades europeas
configuran su estructura urbana a partir de un río, que incluso sirve como instrumento
de movilidad y constituye un activo que agrega valor, es decir es un
patrimonio. En el caso de la ciudad de San Luis Potosí, el Rio Santiago marcó
por más de un siglo los límites de la expansión de la ciudad hacia el sector
norte, a finales de los años cincuenta del siglo XX, representaba un borde
natural cuya inundación periódica ya implicaba serios problemas de seguridad
ambiental.
Durante el periodo 1976-1985
iniciaron los estudios para la utilización del Río Santiago como vía de
tránsito, área verde y parques recreativos, que en ese momento se encontraba
deteriorado. En 1981 se autorizó la regeneración urbana que comprendió la
canalización controlada, la construcción de dos colectores de aguas residuales,
una línea de conducción de agua potable y obras para facilitar el tránsito. En
1982 se formuló el primer proyecto oficial y en 1983 inició la construcción del
Boulevard Río Santiago.
A mas de 30 años, con una
ciudad cuya población ya supera el millón de habitantes, parece que los
problemas se mantienen, la historia nos ha demostrado que no fue una obra para
el largo plazo, la zona continua inundándose, limita el tránsito en temporada
de lluvias, advierte serios riesgos ambientales y requiere nuevamente un
proyecto ambicioso que responda a las nuevas necesidades.
El proyecto -de orden
metropolitano- habrá de orientarse “atendiendo al cause del río y no contra de
él”, una movilidad sustentable también implica el respeto a los recursos
naturales y no la urbanización a ultranza, si bien el Bulevar Río Santiago
representa un eje importante para la circulación del automóvil, hoy las
prioridades son otras, la movilidad de las personas, de las bicicletas y el
transporte público, habrá pues que repensar si se invierte en la
repavimentación de un río o se realiza una propuesta que en un sistema de
movilidad, conviva con él y constituya un patrimonio urbano de escala nacional.