La
población de México aumentó 31.1 millones de habitantes entre 1990 y 2010, este
crecimiento representa casi la población total de Canadá (34.1 millones) o la
suma de la población de Chile (17.1) y Ecuador (13.8). Las áreas urbanas
concentran 83% de este crecimiento, es decir, 26 millones de personas que
requieren al menos 60 mil médicos o 292 mil nuevos espacios en educación
básica.
En
México, el crecimiento de la población y su modelo de ocupación territorial
sigue un patrón disperso, mientras que la población urbana se duplicó en los
últimos 30 años, la superficie urbanizada se multiplicó por seis; este fenómeno
de expansión no es necesariamente negativo, pero requiere un tipo de
infraestructura acorde.
Existen
Universidades e Institutos a nivel mundial que analizan la importancia en los
patrones de crecimiento urbano y sus implicaciones, bajo la premisa de que una
mejor comprensión de este fenómeno ayudaría a tomar mejores decisiones en
materia de uso del suelo, infraestructura, movilidad y calidad de vida.
El
Proyecto Urbanización de la Escuela de Negocios de la Universidad de Nueva York
por ejemplo analiza información sobre la expansión urbana y sus atributos clave
en más de 4 mil ciudades del mundo, con la finalidad de proveer evidencias para
demostrar lo “inútil” que sería intentar revertir este proceso mediante la
re-densificación; que el hecho de ignorarla incrementaría el costo de
administración o sería una forma destructiva al medio ambiente; o bien,
intentar identificar y comprender las formas de expansión y ocupación del
territorio en un lugar específico haría más eficiente y ordenada la ciudad,
además de generar certidumbre sobre su crecimiento. Recientemente el Lincoln
Institute of Land Policy de los Estados Unidos publicó el primer Altas de
Expansión Urbana con una muestra de 120 ciudades de todo el mundo, contiene
información estadística, gráfica y documentos sobre el estudio de la ocupación
del territorio a nivel mundial y las políticas urbanas.
En
San Luis Potosí existen algunos estudios sobre la expansión urbana que señalan
principalmente la forma histórica –no estratégica- con la que se ha ocupado el
territorio, también muestran el ritmo de crecimiento de la población y las características
de las viviendas y servicios que han hecho que la ciudad crezca. Existen planes
de desarrollo urbano y ordenamiento del territorio que más que utilizar dicha
información para plantear escenarios y desarrollar oportunidades, han intentado
–sin éxito- revertir este proceso.
Sin
embargo hace falta contestar algunas preguntas, ¿cuál es el modelo de
crecimiento de la ciudad? ¿qué ventajas representa este tipo de crecimiento?
¿qué infraestructura se requiere para qué la expansión urbana no represente un
problema o disminuya la calidad de vida de la población? Entre muchas otras.
Bajo la lógica de los organismos internacionales habría que profundizar en los
estudios y generar una robusta base de datos en las ciudades mexicanas, o al
menos en San Luis Potosí, para comprender y utilizar en beneficio de la
población esta forma de crecimiento, que no responde a una lógica sencilla o de
un solo actor y por lo tanto, no puede ni podrá ser controlada desde el
Gobierno mediante un Plan.
Los
observatorios urbanos que han representado un importante esfuerzo por generar
datos para la planeación y gestión urbana, deben de reenfocar su objeto de
estudio, es decir, dejar de ser repositorios de información y convertirse en
plataformas interactivas de estudio y análisis espacial. La vinculación
academia gobierno podría ser una estrategia para optimizar la información,
aprovechar el conocimiento generado y desarrollar proyectos urbanos
privilegiando la calidad de vida, es decir hacer políticas urbanas basadas en
el conocimiento.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario