Vivimos
concentrados en las ciudades, más de la mitad de la población mundial habita en
ciudades, América Latina y el Caribe es la región más urbanizada del mundo, en
México 3 de cada 4 personas habita en ciudades. San Luis Potosí es la quinta
ciudad más densamente poblada del sistema urbano nacional, por debajo de la Ciudad
de México, León, Guadalajara y Monterrey (105.9 hab/ha)
Existen
ventajas en la concentración de la población, el costo per cápita de los
servicios es menor, las distancias para acceder a las actividades también son
menores, ¿será por eso que se está buscando densificar las ciudades? Las
propuestas de instituciones gubernamentales relacionadas con el desarrollo
urbano así como de los planes actuales en San Luis Potosí es “densificar la ciudad”
Densificar
la ciudad implica concentrar más población por kilómetro cuadrado, pero ¿por
qué la propuesta? ¿Estamos preparados para ello?, el argumento es que nuestras
ciudades están creciendo de forma expansiva y fragmentada es decir la las
ciudades están abarcando más kilómetros cuadrados con menos población. En los
últimos 35 años la población urbana se duplicó mientras que la superficie
urbanizada se multiplicó por seis, 25% de la superficie del área metropolitana
de San Luis Potosí son fragmentos alrededor de un continuo urbano. Este
fenómeno de expansión es mundial y no es necesariamente negativo, pero requiere
un tipo de infraestructura acorde.
El
problema no es la expansión o la densificación, sino el tipo de
infraestructura. La expansión no es un problema por si mismo, es una forma de
crecimiento de la ciudad que debe de ser analizada y definir políticas urbanas
acordes al futuro crecimiento; sí llevamos años con esta forma de crecimiento
entonces ¿porqué intentar revertirla? La universidad de Nueva York estudia la
importancia en los patrones de crecimiento urbano y sus implicaciones, bajo la
premisa de proveer evidencias para demostrar lo “inútil” que sería intentar
revertir este proceso mediante la re-densificación y que una mejor comprensión
de este fenómeno ayudaría a tomar mejores decisiones en materia de uso del
suelo, infraestructura, movilidad y calidad de vida.
Aumentar
la densidad de población tiene serias implicaciones en la calidad de vida,
incrementa los tiempos de traslado, por ello “las distancias tienden a
aumentar” lo cual afecta y pone en riesgo la movilidad, debido a la saturación
de la infraestructura vial; demanda mayor disponibilidad de agua por habitante
sin modificar la capacidad de provisión; aumenta el consumo de energía eléctrica
por “transformador”, el drenaje tiene que recibir mayor cantidad de aguas
negras. De esta manera se afecta la calidad de vida, las ciudades en dónde sus
habitantes son menos felices es porque pasan más tiempo en el auto, 3.3
millones de horas-hombre al día se pierden en Distrito Federal por congestión
vehicular, son 33 mil millones de pesos al año.
La
importancia de la infraestructura. Existen estudios sobre la expansión urbana
que señalan principalmente la forma histórica –no estratégica- con la que se ha
ocupado el territorio, también muestran el ritmo de crecimiento de la población
y las características de las viviendas y servicios que han hecho que la ciudad
crezca, pero tenemos más de 25 años de atraso en planeación urbana y no
contamos con un programa maestro de conectividad e infraestructura moderna,
requerimos una robusta base de datos, al menos en San Luis Potosí, que ayude a
monitorear la capacidad y aprovechamiento de la infraestructura, su vida útil,
sus posibilidades de crecimiento y sobre todo la forma en la que genera valor
al ciudadano. La vinculación academia-gobierno-empresa podría ser una
estrategia para optimizar la información, aprovechar el conocimiento generado
en desarrollar infraestructura de alta tecnología y privilegiar la calidad de
vida, es decir hacer políticas urbanas basadas en el conocimiento.
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