De acuerdo con la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (CEPAL), para el 2030 más de 80% de la población
vivirá en ciudades. América Latina es la región más urbanizada del planeta,
pero también la que presenta la mayor desigualdad, que aunado a los problemas
en el crecimiento urbano han provocado otros efectos como la fragmentación urbana,
segregación y dispersión de la población.
Existen además 600 ciudades consideradas las
más pobladas del mundo, que en conjunto albergan cerca de mil quinientos
millones de personas, esto representa más de 20% de la población mundial. Así
las ciudades más grandes, las globales y con el desarrollo de alguna ventaja
competitiva se están convirtiendo en el referente para los estudios urbanos.
La ventaja competitiva implica generar
activos tanto económicos, como tecnológicos y sociales, con amplia influencia
en el desarrollo urbano, tal es el caso de la industria, el desarrollo de
software o las tecnologías y más recientemente el conocimiento. Una ciudad
competitiva es aquella capaz de atraer inversión, retener talento y generar
beneficios para sus ciudadanos, a mayor nivel que otras ciudades de su mismo
rango de población.
Con estas ideas –crecimiento urbano,
concentración de población y ventajas competitivas-, la ciudad del futuro será
aquella capaz de equilibrar estos elementos en beneficio de su población, es
decir logar un incremento homogéneo de su población y superficie urbana, a la
vez que atiende sus grandes problemas de futuro como la energía, el agua, el
desarrollo de actividades de alto valor agregado mediante estrategias de conectividad,
accesibilidad y conservación del patrimonio urbano.
En el contexto internacional hacia el 2030,
podría existir una reestructuración tanto de las actividades como de las
grandes ciudades. Tal parece que las mismas ciudades y economías ya no dominarán
y surgirán otras, al menos eso podría suceder en 200 de las 600 ciudades más
pobladas, la región de Asia cobrará importancia posiblemente sobre los Estados
Unidos; únicamente 8 ciudades latinoamericanas tienen oportunidad en esta
reestructuración. Las mejores ciudades para vivir serán aquellas que logren
resolver los problemas de movilidad, sustentabilidad ambiental, energía,
comunicación digital, gobernabilidad y educación.
El informe de la CEPAL señala que las
ciudades de América Latina enfrentan también otros desafíos como la falta de
planificación, debilidad institucional, carencia de espacios públicos,
segregación, exclusión, desigualdad, inseguridad y crecimiento exponencial del
parque automotriz; lo cual representa otra gran desventaja para insertarse en
la economía mundial.
Las nuevas urbes asiáticas que se construyen
con diseños planificados, representan otro gran reto en la competitividad
urbana de América Latina. En este sentido, parece que los gobiernos, sobre todo
locales deberían intervenir estratégicamente en áreas de alto valor agregado
para la innovación y mejora de la competitividad y sustentabilidad urbana. Para
ello se requiere una ambiciosa reforma urbana, sobre todo institucional, es
decir reingeniería del gobierno local que aliente la inversión y genere nuevas
formas de “hacer ciudad”. En este escenario la persona deberá estar en el
centro de la política urbana.
La planificación y el diseño urbano se
convertirán tal vez, en la principal herramienta de los gobiernos locales,
sobre todo con visión de largo plazo orientado a:
E
Organización territorial:
optimizar el suelo urbano, restauración de espacios, integración socio-espacial
y accesibilidad.
E
Sustentabilidad: desarrollo
de áreas verdes, energía, movilidad, competitividad, innovación.
E
Centralidad en la persona:
diseño urbano, bienestar, espacios públicos de alto valor, patrimonio urbano.
Es importante subrayar que las respuestas no deberán
provenir exclusivamente del sector público, urbanistas o desarrolladores
inmobiliarios, en la ciudad moderna, las sinergias y redes de colaboración
–gobierno, academia, empresa, sociedad- podrían ser el principal instrumento de
gestión urbana, así como factor de integración y continuidad con perspectiva
global, a largo plazo y basada en la utilización del conocimiento.
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