Entre 1980 y 2010 la
población urbana en México se duplicó pero la superficie urbanizada se ha
multiplicado entre seis y diez veces; 60% de ese suelo urbanizado es irregular,
y en el caso de San Luis Potosí 25% de la superficie que conforma el área
metropolitana esta fragmentada, es decir no forma parte del continuo urbano.
Actualmente existe un debate
sobre el modelo de ciudad, seguir con las ciudades extensas, que según el
Instituto Mexicano para la Competitividad también son dispersas o bien invertir
en ciudades compactas. La discusión surge precisamente sobre cual conviene más
en México pues ambos modelos tienen impactos positivos y negativos; lo que no
está a discusión es que una ciudad mal planificada sí es más costosa.
La idea de “ciudad compacta”
no implica un crecimiento al exterior sino que aprovecha sus espacios y por
tanto se desarrolla al interior, no solamente con construcciones verticales,
sino también con la reutilización y aprovechamiento de espacios sub-utilizados,
sin embargo habrá que pensar en una ciudad compacta no sólo por el
aprovechamiento del suelo y la disminución de los costos que esto representa.
El Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) estima que para mediados del presente siglo, las ciudades en
los países en desarrollo duplicarán su población y triplicarán la superficie de
las manchas urbanas actuales; es decir, el patrón de ciudad extensa podría
continuar. En México, para el primer cuarto de este siglo (2025), ocho de cada
10 habitantes vivirán en ciudades, pero ¿en qué tipo de ciudad y con qué
calidad?.
A partir de esta
preocupación, el BID hace cuatro recomendaciones para la planeación de ciudades
compactas en México, con la idea de aprovechar los beneficios y disminuir los
efectos negativos de este patrón de crecimiento.
1. Capacidad: Analizar la disponibilidad de uso de suelo, así
como la cobertura y administración del
volumen de la infraestructura disponible, con el propósito de advertir riesgos
sobre la sobreutilización e identificar las nuevas necesidades producto del
aumento de la población.
2. Derecho urbano: se requiere una revisión de los derechos de
propiedad y de desarrollo inmobiliario con la finalidad de asegurar la correcta
administración del mercado y generar mecanismos de transferencia de la
plusvalía en beneficio público.
3. Coordinación: se requiere de nuevos esquemas de articulación,
alianzas y acuerdos institucionales entre los gobiernos locales y los otros
órdenes de gobierno con el propósito de establecer nuevas políticas urbanas
basadas en la cooperación e integración de recursos, sobre todo en las zonas
metropolitanas.
4. Sistemas de inteligencia urbana: integración de bases de
datos que permita generar indicadores “en tiempo real” para la toma de
decisiones. Los sistemas de información geográfica se han limitado en su
mayoría al despliegue de la información, por ello se requieren de nuevas
plataformas que manejen información robusta y que sinteticen indicadores.
Bajo este esquema, San Luis
Potosí está creciendo de forma expansiva, la pregunta es ¿conviene revertir o
“apostar” en un esquema de redensificación? con la infraestructura disponible,
falta de instrumentos legales y de planeación actualizados, mecanismos de
coordinación tradicionales y capacidades limitadas de uso de las tecnologías de
la información y comunicación para la administración de la ciudad.
Esperemos las propuestas de
los candidatos al respecto…
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