“Hoy
más que nunca tenemos la oportunidad de cambiar” ¿podría ser parte de un
discurso político?, ¿será una oportunidad? o ¿es una necesidad y obligación que
tiene nuestra ciudad actualmente? Si bien es cierto existe la posibilidad de
reconstruir una ciudad como lo ha demostrado la historia o de definir una
vocación económica basada en el turismo como alternativa al crecimiento y la
diversificación económica –descrita en las dos columnas semanales anteriores-;
también es cierto que en este siglo la economía global que caracteriza nuestro
desarrollo obliga a buscar un liderazgo urbano para generar mejores condiciones
para las personas.
¿Qué
implica un liderazgo urbano? En la economía global, las relaciones entre
espacios han demostrado que lo que sucede en una parte del mundo afecta otros
entornos, por ello, la competencia es más abierta y entonces las exigencias son
mayores para que no existan consecuencias negativas como resultado de dichas
relaciones, es necesario entonces ser más competitivos a nivel mundial con la
finalidad de atraer inversión, contar con mejor infraestructura o básicamente
generar un mejor ambiente para el desarrollo de las personas; estos tres
propósitos generan efectos positivos para una Planeación Urbana Centrada en la
Persona.
Saskia
Sassen, socióloga neerlandesa que obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de
Ciencias Sociales, reconocida internacionalmente por su publicación “La Ciudad
Global”, señala que actualmente las ciudades influyen de manera diferente en la
economía global con respecto a hace veinte o treinta años, es decir, desde
finales del siglo pasado la función de la ciudad cambió radicalmente, sin
embargo, probablemente la mayoría de las ciudades han tenido poca interacción
con la economía global ¿por qué?
De
acuerdo con el Índice de Ciudades Globales 2015 publicado por A.T. Kearney,
existen 125 ciudades globales, pero solo 13 son líder a nivel mundial, Nueva
York es la número uno, y no hay ninguna de Latinoamérica en las Top Ten! La
mayoría de las ciudades son globalizadas, reciben y están condicionadas a la
influencia de esas 13 mejores. Sassen opina al respecto que existen nuevos
criterios de localización de industrias y personas a partir de una forma de
organización de las funciones centrales de la ciudad, así como de la
complejidad de las actividades económicas que ha llevado a un incremento de la
demanda de servicios sumamente especializados, pocas ciudades han hecho esto.
Los
servicios de alto valor agregado, el conocimiento y el perfil de los
profesionales orientado a las tecnologías se han convertido tal vez en los
principales activos para las nuevas funciones de la ciudad. El análisis urbano
es altamente complejo debido a estas relaciones de escala global, pero sobre
todo como resultado de la llamada hipermovilidad de la información, de las
mercancías, del capital y de las personas; en este sentido, lograr que una
ciudad sea líder a nivel mundial no es fácil, pero tampoco se puede dejar de
hacer algo para buscarlo, ya que sin cuestionar lo bueno o malo de la
globalización, una ciudad que influye es mejor que una ciudad influida por la
economía de otras urbes.
¿San
Luis Potosí puede ser una ciudad líder? A.T. Kearney publica también una agenda
de ciudades emergentes, si bien solo hay ciudad mexicana -la ciudad de México
ocupa el lugar 33- sí existen ciudades en Latinoamérica con características
similares a la capital potosina que tienen esta posibilidad, en tamaño por
ejemplo se acerca a Caracas Venezuela. Si bien es difícil generar un liderazgo
mundial desde las condiciones actuales, se deben orientar acciones a resolver
problemas locales, a la vez de posicionar a la ciudad capital como líder
regional o incluso nacional a partir de políticas diferentes para lograr
resultados diferentes, políticas urbanas para desarrollar servicios de logística,
de uso intensivo de conocimiento y basados en las tecnologías de la información
y la comunicación, son tal vez, la mejor alternativa.
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