jueves, 18 de septiembre de 2014

De las Chinampas a las Megalópolis, una reflexión de la relación agua-ciudad

La chinampa era un método  que crearon lo aztecas como instrumento de agricultura y expansión territorial, eran jardines flotantes en la ciudad, por cierto una de las principales en Mesoamérica. Debido a su historia y conocimiento aplicado, la chinampa constituye objeto de estudio en diversos estudios de organización social, espacial y ambiental. De las chinampas a la megalópolis es el titulo de un libro publicado en 1990 por el Fondo de Cultura Económica y escrito por Exequiel Ezcurra, especialista en ecología urbana que actualmente dirige el Instituto para México y Estados Unidos, con sede en San Diego, California.

En su libro, Exequiel Ezcurra describe la extraña relación entre el crecimiento de la ciudad y las cuencas de los ríos que lamentablemente no hemos sabido resolver, parece paradójico que las ciudades de nuestros antepasados hayan basado su método de producción, crecimiento urbano así como de movilidad y paisaje, en los ríos; sin embargo, en la mayoría de las ciudades modernas de México no hemos podido aprovechar esta oportunidad y construimos sobre ellos, como el caso del Rio Santiago en San Luis Potosí o los ríos de la ciudad de México, Toluca, León, o Monterrey, entre otras muchas.

Hace falta una planificación urbana basada en las relaciones sociales y el medio ambiente, como forma de organizar nuestro espacio y que logre una convivencia armónica para mantener los activos naturales del territorio, como los ríos, lagos, bosques, entre otros. Muchas de las ciudades europeas como París, configuran su estructura urbana a través de un río, el cual por cierto también sirve como instrumento de movilidad urbana y constituye un patrimonio urbano. Una planeación urbana centrada en la persona implica mantener los recursos naturales como un activo social, cultural y hasta turístico y de movilidad urbana. Los planes metropolitanos, urbano-municipales, sectoriales y de centros de población habrán que modificarse para pasar de ser un recuento de recursos naturales, y convertirse en un conjunto de estrategias e instrumentos orientados a resolver o atenuar los grandes problemas urbano-ambientales, como la contaminación atmosférica, del suelo y del agua, así como aprovechar las tecnologías para regenerar espacios y mantenerlos.

Tal vez de esta manera –atendiendo “el cause de los ríos” y no contra de ellos- habremos de disminuir otros problemas como las inundaciones, deslaves, riesgos ambientales, contingencias, u otros problemas cuyo origen está en el modo de crecimiento urbano y su relación con la naturaleza, la cual defendemos pero, que al parecer, planteamos como contradictoria en el proceso de urbanización.

Finalmente, es conveniente señalar que lo anterior es una responsabilidad compartida entre los gobiernos, la sociedad, las universidades y las organizaciones no gubernamentales, de tal suerte que junto con el plan, habrá de contar con instrumentos de participación social que permitan articular los esfuerzos del gobierno con los intereses de la sociedad organizada y la factibilidad urbano-ambiental.  

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