La
chinampa era un método que crearon lo aztecas como instrumento de
agricultura y expansión territorial, eran jardines flotantes en la ciudad, por
cierto una de las principales en Mesoamérica. Debido a su historia y
conocimiento aplicado, la chinampa constituye objeto de estudio en diversos
estudios de organización social, espacial y ambiental. De las chinampas a la
megalópolis es el titulo de un libro publicado en 1990 por el Fondo de Cultura
Económica y escrito por Exequiel Ezcurra, especialista en ecología urbana que
actualmente dirige el Instituto para México y Estados Unidos, con sede en San
Diego, California.
En
su libro, Exequiel Ezcurra describe la extraña relación entre el crecimiento de
la ciudad y las cuencas de los ríos que lamentablemente no hemos sabido resolver,
parece paradójico que las ciudades de nuestros antepasados hayan basado su
método de producción, crecimiento urbano así como de movilidad y paisaje, en
los ríos; sin embargo, en la mayoría de las ciudades modernas de México no
hemos podido aprovechar esta oportunidad y construimos sobre ellos, como el
caso del Rio Santiago en San Luis Potosí o los ríos de la ciudad de México,
Toluca, León, o Monterrey, entre otras muchas.
Hace
falta una planificación urbana basada en las relaciones sociales y el medio
ambiente, como forma de organizar nuestro espacio y que logre una convivencia
armónica para mantener los activos naturales del territorio, como los ríos,
lagos, bosques, entre otros. Muchas de las ciudades europeas como París,
configuran su estructura urbana a través de un río, el cual por cierto también
sirve como instrumento de movilidad urbana y constituye un patrimonio urbano. Una
planeación urbana centrada en la persona implica mantener los recursos
naturales como un activo social, cultural y hasta turístico y de movilidad
urbana. Los planes metropolitanos, urbano-municipales, sectoriales y de centros
de población habrán que modificarse para pasar de ser un recuento de recursos
naturales, y convertirse en un conjunto de estrategias e instrumentos orientados
a resolver o atenuar los grandes problemas urbano-ambientales, como la
contaminación atmosférica, del suelo y del agua, así como aprovechar las
tecnologías para regenerar espacios y mantenerlos.
Tal
vez de esta manera –atendiendo “el cause de los ríos” y no contra de ellos-
habremos de disminuir otros problemas como las inundaciones, deslaves, riesgos
ambientales, contingencias, u otros problemas cuyo origen está en el modo de
crecimiento urbano y su relación con la naturaleza, la cual defendemos pero, que
al parecer, planteamos como contradictoria en el proceso de urbanización.
Finalmente,
es conveniente señalar que lo anterior es una responsabilidad compartida entre
los gobiernos, la sociedad, las universidades y las organizaciones no
gubernamentales, de tal suerte que junto con el plan, habrá de contar con
instrumentos de participación social que permitan articular los esfuerzos del
gobierno con los intereses de la sociedad organizada y la factibilidad
urbano-ambiental.
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